Logroño, 23 de septiembre de 2019. Segunda de feria. Media entrada. Toros de Núñez del Cuvillo, falta de fuerza y casta, salvo el cuarto  y un bravo sobrero de Domingo Hernández. Antonio Farrera, silencio, silencio y silencio. Paco Ureña, silencio, aplausos tras petición y dos orejas.

Por Óscar García

Corrida que se iba sin pena ni gloria de la Ribera sino llega a ser por el “Delirio” toro final. Ureña levantó una tarde que no iba a pasar a la historia. Lo bordo el murciano en el sexto bis, un gran toro de Domingo Hernández que fue premiado con la vuelta al ruedo. Comenzó muy torero la faena Paco Ureña sacándose al toro hacia los medios con pases de belleza y torería por abajo. El toro noble y con codicia se arrancaba pronto a la muleta de un Paco Ureña muy ceñido con él, en series por los dos pitones de bellísima factura y gustándose. El público se puso en pie en varios pasajes de la faena. El murciano receto al astado tandas de ensueño con pases dignos de pinturas, profundos hondos y con un gusto exquisito. Y como epilogo de la faena unas trincheras de escándalo, una delicia. Solo faltaba rematar la obra y ahí Ureña no ha fallado, estocada en todo lo alto y dos orejas pedidas por unanimidad.

Antonio Ferrera en el primero apenas tuvo opciones con un toro que se paro en la muleta del extremeño al que intento pasarlo por ambos pitones sin brillantez por la escasa condición del cuvillo. Mato mal. Silencio.

En el segundo Paco Ureña saludo capotero con temple ante un toro al que no le sobraba nada. Lo cuido el diestro pero aun así solo consiguió pases sueltos destacando la última serie  a base de trincherazos. Silencio.

El que hizo tercero de bella estampa por el pelaje fue en lo único que destaco. El burraco al que Ferrera trato de torear a media altura no consiguió calar en el tendido. Tras dos pinchazos y estocada fue de nuevo silenciado.

El cuarto de la tarde fue otra cosa, tuvo más movimiento y motor que sus hermanos y el diestro de Lorca tras probarlo por la diestra se decanto por cimentar la faena con la mano izquierda, el mejor pitón del animal. Siempre bien colocado realizo una faena templada y con gusto, muy torera, con naturales largos profundos, hondos y por momentos desmayados. El público necesitaba algo para despertar y vibro con el maestro. Tras estocada, necesito descabellar y pese a la petición no le fue concedida la oreja. Ovación saliendo al tercio a saludar.

Ferrera no pudo hacer prácticamente nada ante el quinto, un toro desclasado, que no dejo en ningún momento al extremeño relajarse y mucho menos estirarse. Tras intentarlo sin éxito opto por irse a por la espada con la que tampoco tuvo demasiada suerte y tras pinchazo y media estocada fue de nuevo silenciado.

Fotos Rosi Fernández