Talavante cuajó a “Amor de Amores”. Lanceó de salida con plasticidad a pies juntos y realizó un vistoso quite por chicuelinas. Muleta en mano, comenzó con ayudados por alto para seguir con un cambiado por la espalda, una trincherilla, un pase del desdén y otro de pecho. De inmediato se puso a torear sobre ambas manos a gran nivel. Naturales y derechazos se encadenaron enriqueciéndose las series con chispazos tan personales como ligar la arrucina con la capetillina en un palmo de terreno. La plaza era un clamor y como fondo musical sonaba “Pelea de Gallos”. Hubo excelsos naturales de frente, cambios de mano por delante, un cadencioso toreo en redondo y, entre gritos de ¡torero!, abrochó la gran faena con manoletinas. Se perfiló para entrar a matar, pinchó primero y dejó una estocada desprendida después y se le otorgaron las orejas. Al toro se le dio la vuelta al anillo.

 

EMILIO MÉNDEZ