Fotos: TADEO ALCINA

El mal uso con el rejón de muerte malogró una vistosa faena de Andy Cartagena en el primero de la tarde, en su regreso a la Plaza México 17 años después de su última comparecencia. El rejoneador alicantino, que cambió de tercio con sólo un rejón de castigo, conectó muy bien con los tendidos en su reencuentro con esta afición. Quebró con Apolo de manera muy espectacular, para después en banderillas, realizar un toreo vibrante en el que gustaron las piruetas con Gorrión. Abrochó bien con Jinocente, dejando un carrusel de cortas. Y cuando tenía el premio amarrado, se le atascó el rejón de muerte.

Una oreja cortó Andy Cartagena del cuarto, premio que hubiese sido mayor de haber acertado a hundir el acero al primer intento. Y es que la labor del de Benidorm fue todo un compendio de su tauromaquia espectacular ante un magnífico toro de Reyes Huerta que tuvo motor, acometividad y calidad en su embestida. De salida se lo ajustó muy bien a la grupa Cuco. Ya en banderillas, Andy sacó toda su artillería. Los mejores momentos llegaron con Iluso, con el que galopó a dos pistas muy templado incluso realizando por momentos la hermosina. Más vibrante estuvo con Humano, caballo de raza menorquí que se mostró fiel a su estirpe en esa manera de alzarse de manos como preparación a las suertes. Con la yegua Bruja dejó dos cortas antes de matar tras dos pinchazos.

Fermín Rivera dejó algunos detalles de su fino concepto frente al segundo, un toro que mostró muy buena condición en los primeros tercios, pero que acabó apagándose muy pronto. La faena, que tuvo sus mejores momentos sobre la diestra, no acabó de tomar vuelo. Mal con la espada. Su segundo, de nombre “León de Orduña” en homenaje a Iván Fandiño debido a la buena relación que unía al torero con la ganadería de Torreón de Cañas, apenas duró un suspiro. Después de una primera serie en la que el toro se movió con cierta transmisión y codicia, bajó la persiana y dijo basta. Con la cara alta, se defendió más que embistió buscando siempre el refugio de las tablas. Fermín Rivera lo intentó en labor esforzada más que lucida. Se atascó el azteca en la suerte suprema, tanto que vio cómo sonaban los tres avisos.

“Alabardero”, el segundo de Torreón de Cañas fue un toro serio, con trapío, bien armado -seguramente el de mayor presencia hasta el momento de toda la Temporada Grande-. Todo quedó en fachada puesto que fue un animal manejable pero deslucido por su falta de ritmo y corto recorrido. Tuvo mejores inicios que finales el toro, que echaba la cara arriba en cada embestida. Juan Pablo Sánchez tuvo la virtud de alargarle la embestida con temple y pulso en la primera parte del trasteo y se arrimó con valor y aplomo en un tramo final en terrenos de cercanías. La estocada, ejecutada con contundencia, valía por sí sola la oreja que le fue concedida.

Juan Pablo Sánchez pechó con un último toro bien presentado -como toda la corrida- pero deslucido y que no le dio ninguna opción. Áspero el de Torreón de Cañas, se quedaba muy corto y sabía lo que se dejaba atrás, especialmente a partir de un derrote que le propinó al torero y que apunto estuvo de herirle. Esforzado y valiente el hidrocálido, lo intentó pero no pudo redondear su tarde.

México D.F. (México), domingo, 17 de diciembre de 2017. Toros de Reyes Huerta (1º y 4º) y Torreón de Cañas. Bien presentados en conjunto y de juego desigual. El rejoneador Andy Cartagena, palmas tras aviso y oreja; Fermín Rivera, silencio tras aviso y pitos tras tres avisos; Juan Pablo Sánchez, oreja y silencio. Entrada: Más de 14.000